Lo esencial que hay que saber sobre la partitura "Octopus"
En la encrucijada entre la música de cámara contemporánea y los códigos de la música de cine, "Octopus" se inscribe en una estética inmersiva, propicia para las imágenes mentales y los contrastes. La alusión discreta al universo de Astor Piazzolla recuerda cuánto han nutrido los ritmos de danza, las síncopas y las armonías punzantes la creación de los siglos XX y XXI. Estrenada en la sala Musicatreize en Marsella en 2021, esta pintura sonora destaca el diálogo fecundo entre cuerdas, piano y arpa, una alianza tímbrica apreciada por su paleta expresiva y su potencia evocadora.
"Octopus" despliega atmósferas muy contrastadas, mezclando tensión y lirismo, con una riqueza armónica que convoca sucesivamente misterio, impulso dramático y respiración poética. El quinteto de cuerdas teje una red de ostinatos, contrapuntos y capas, mientras que el piano aporta percusividad, destellos rítmicos y anclaje armónico. El arpa, brillante y colorista, añade reflejos e irisaciones al espectro sonoro.
Se percibe en algunos pasajes un guiño al tango nuevo: síncopas, impulsos coreográficos, frases incisivas y tensiones cadenciales. La escritura exige un dominio fino de los equilibrios, una gran precisión rítmica y una escucha de música de cámara muy desarrollada. Pensada para conjuntos experimentados, la pieza revela plenamente su fuerza en la conducción de las dinámicas y la gestión de las texturas, entre aliento cinematográfico y energía danzante.